Unión Demócrata Independiente

Jaime Guzmán

"Uno de los motivos que explican la singularidad de los países es el aporte que a través de la historia han realizado sus habitantes. Entre estos destacan ciertas personas cuya contribución desde el pensamiento, la acción o la fe, por mencionar algunos ámbitos, ha incidido particularmente."

Es el caso de Chile, cuya fisonomía propia se debe, en parte, a hombres y mujeres sobresalientes. Desde Pedro de Valdivia hasta Gabriela Mistral, pasando por Inés de Suárez, Lautaro, O’Higgins, Portales, Bello, Cousiño, Prat y San Alberto Hurtado, por mencionar sólo a algunos. Son los precursores e innovadores. Entre ellos tiene un lugar Jaime Guzmán, y lo tiene porque en momentos críticos fue capaz de elevarse y generar cambios decisivos. Con propiedad, se puede decir que el país no sería el mismo sin él.

En efecto, Jaime Guzmán fue un creador de instituciones, un impulsor de sabias doctrinas y un hombre capaz de concebir el país en el largo plazo. Por eso es propiamente un adelantado. Ahí están, como prueba, el Movimiento Gremial, la UDI y aspectos relevantes de nuestra institucionalidad.

Hace más de cuarenta años, la polarización política había sido trasladada a los cuerpos intermedios con efectos lamentables. Parecía que estas instituciones quedarían a merced de la batalla partidista. Jaime Guzmán, sin tener 21 años, intuyó que esto era un desastre social. Pero, no se quedó en la mera comprensión, sino que actuó para transformar esta realidad.

Así nació el Movimiento Gremial de la Universidad Católica que reivindicó el sentido de los cuerpos intermedios y la necesidad de que no fueran instrumentalizados por los partidos. Lo que pareció una quijotada es hoy uno de los logros más importantes de nuestro último medio siglo. El Movimiento que fundara no sólo está vigente (dirigió la FEUC el año pasado, por ejemplo), sino que el gremialismo se ha transformado, se reconozca o no, en la doctrina que da vitalidad al cuerpo social.

En otro plano, cabe recordar que el siglo XX chileno estuvo marcado por partidos fuertes y, normalmente, bastante responsables (al menos hasta 1967), pero muy sectarios. Así, la ideología había penetrado de tal modo que no parecían posibles conglomerados que cortaran transversalmente la sociedad, superando visiones clasistas o confesionales. Jaime Guzmán percibió que ello era una limitante para el desarrollo integral, y con un sueño sobre el futuro -un partido que tuviera presencia en todos los sectores- fundó la UDI. Lo que muchos apreciaron como una extravagancia, se ha convertido en la fuerza política más importante del país, presidiendo el Senado y la Cámara de Diputados, y dirigiendo comunas tan disímiles como Valparaíso, Concepción, Rancagua y San Bernardo. Pero, lo más relevante es cómo ha ido permeando la idea de Guzmán. Hoy hay pobladores, estudiantes, intelectuales, profesionales y empresarios, creyentes y no creyentes, en todos los partidos, y ninguno puede, legítimamente, atribuirse la exclusividad de la representación de un grupo social o religioso. Este es un logro mayúsculo cuyos efectos positivos apreciamos día a día.

Por último, en esta somera mirada, es justo señalar el inmenso aporte que Jaime Guzmán hizo a nuestra institucionalidad. Cuando aún no tenía 20 años, escribió sobre la importancia del respeto a ciertos principios sin los cuales no hay civilización ni futuro posible. Nociones como la subsidiariedad, la autonomía de los cuerpos intermedios, la libre iniciativa en materia económica, el respeto irrestricto por los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana y la servicialidad del Estado, eran destacados en sus escritos juveniles como pilares de una sociedad libre y justa. Años después, entre otras cosas gracias a su infatigable trabajo, esos conceptos fueron vertidos en nuestra Constitución. Sin embargo, lo más notable es que, progresivamente, han sido asumidos incluso por quienes eran sus más enconados adversarios políticos.

Cuando Jaime Guzmán era un escolar se fijó una meta: “formar y transformar personas”. A casi veinte años de su trágico asesinato, se puede afirmar que ese propósito de vida lo cumplió a cabalidad: contribuyó a cambiar para bien a Chile. Por ello es un pionero y un fundador, y un modelo para las nuevas generaciones, especialmente en política.

 

Carlos Frontaura Rivera
Fundación Jaime Guzmán E.

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