Unión Demócrata Independiente

Discurso Patricio Melero: con motivo del 23 Aniversario de la muerte de Jaime Guzmán E.

Partido - 1 abril, 2014
Discurso Patricio Melero: con motivo del 23 Aniversario de la muerte de Jaime Guzmán E.

En la literatura, y en las artes en general, llamamos clásicos a aquellos autores capaces de conectarse con la esencia del alma, con los sentimientos y emociones, con la grandeza y la miseria que nos hace humanos.  Eso es lo que hace que los clásicos se mantengan vigentes y lo que nos hace sentirlos vivos entre nosotros.

No importa los años o siglos que transcurran ellos siguen presentes, nos hablan, nos interpelan con preguntas, reflexiones y descripciones de la humanidad que nos rodea y de lo que cada uno de nosotros lleva adentro.  Esto es especialmente aplicable a los que hemos abrazado el servicio público y cada día nos levantamos, como el hombre de La Mancha, a luchar contra molinos de viento; o que buscamos la fuerza para mantener vivas, y no perder, las ilusiones con las que llegamos un día, siendo muy jóvenes, a este emprendimiento de cambiar Chile.

Han transcurrido 23 años desde la tarde en que la mano asesina del terrorismo segó la vida de Jaime Guzmán, pero a medida que pasan los años comenzamos a ver en él esa misma vigencia propia de los clásicos, porque mientras más tiempo transcurre más evidente se hace que él nos invitó al servicio público para unirnos, en nuestro tiempo y espacio, a la lucha clásica por la libertad de la persona frente al poder de la organización estatal.  Jaime transmitía en cada acción y con cada palabra que sólo ganando esta batalla se podía asegurar el respeto por la dignidad del ser humano.

Entre sus aportes hay uno muy especial y de especial vigencia que quiero destacar hoy, fue la manera racional, estructurada y sólida en que él vio que era perfectamente posible conciliar una visión cristiana y trascendente del ser humano, con un modelo de desarrollo económico fundado en una economía libre.  Esta es una síntesis que hasta bien entrado el siglo XX no parecía posible y se veían las visiones económicas liberales como antagónicas del pensamiento social cristiano.  Entre nosotros Jaime fue el precursor de este proyecto político original y que se ha demostrado extraordinariamente exitoso.

Si uno busca qué es lo que hace emerger a Jaime como un verdadero clásico de nuestra historia republicana, imprescindible para todo el que quiera incursionar en la política chilena hoy y en el futuro, la respuesta está en que su mirada fue mucho más allá de la contingencia electoral.

Por cierto que él no menospreciaba la importancia de ganar las elecciones, ni vio nunca a la UDI como un proyecto político meramente testimonial, pero nunca permitió que lo consumiera la contingencia, su objetivo de largo plazo fue siempre una visión de la sociedad hacia la que debíamos avanzar y en que la política era sólo una parte.

Para Jaime la defensa de la libertad era, al mismo tiempo que política, una defensa que debía darse en el plano de la cultura, de los valores más apreciados por la comunidad, de la importancia de instituciones sociales como el matrimonio y la familia, de la producción intelectual, del mundo del Derecho, de la agenda de los medios de comunicación, entre otros ámbitos.  Por esto es que cuando partió descubrimos entre sus papeles personales el casi infinito universo de espacios en que ejercía su benéfica influencia.

Este año enfrentamos un desafío legislativo especialmente importante para el futuro de nuestra sociedad, la reforma tributaria, educacional y constitucional. El parlamento tendrá que optar entre dos caminos muy distintos.  El gobierno de la Nueva Mayoría nos ha anunciado, que su agenda es la de combatir la desigualdad.  Lejanos parecen los tiempos en que los gobiernos de la Concertación anteriores  ofrecían “crecer con igualdad”.

Para ellos ya no importa el crecimiento, el surgimiento de una sociedad en que hay progreso y prosperidad, en que las personas pueden elegir el colegio de sus hijos, en que la movilidad social es una aspiración personal y no, cuando más, un sueño que se quiere ver realizado en los hijos o los nietos, como ocurría en Chile hace sólo pocas décadas.

Pero no nos equivoquemos, estas distintas opciones  nos plantean un dilema mucho más profundo.   Los discursos construyen realidades, esa apelación a combatir  la desigualdad socioeconómica se sigue construyendo desde la izquierda con un énfasis que divide y polariza a la sociedad.

Es la vieja lucha de clases, estéril en sus resultados económicos, destructora en sus efectos sociales, disociadora en el sentido más propio de la expresión, puesto que sólo alimenta en muchas personas una esperanza que las recetas socialistas son incapaces de cumplir y que llevan a los países a un círculo vicioso de pobreza, división y encono social.

Es tan simple preguntarse qué hizo la Concertación cuando gobernó hace sólo unos pocos años, cuál fue el resultado de su lucha contra la desigualdad.  Los datos son públicos: en sus cuatro años de gobierno aumentó la pobreza, aumentó la desigualdad, aumentó el desempleo a niveles de dos dígitos, aumentó la inseguridad.

En esos años Chile se estancó y su esfuerzo de frenar la caída de los chilenos con esa mal llamada red de protección social, fue sólo un vano intento por encubrir con subsidios la ineficiencia de un gobierno que destruyó empleos, deterioró la educación pública y su administración fue incapaz de fiscalizar y aplicar la ley allí donde se requería.

En el primer gobierno de la Alianza tuvimos la posibilidad de demostrar la vigencia y solidez de nuestro ideario, le cambiamos para bien la vida a millones de chilenos y entregamos el gobierno con menos pobreza, más empleo, menos desigualdad y con un país más justo del que recibimos.

Queda mucho por hacer, hay millones de chilenos que aún no ven el desarrollo entrar por su puerta, para los que cada jornada de trabajo es dura, para quienes educar a sus hijos es una carga muy pesada, que aspiran a una vida mejor, que quieren mirar el futuro con tranquilidad y vivir un presente feliz.

Pero una vez más tendremos que enfrentar la demagogia, el discurso emocional que busca exacerbar el sufrimiento de los más desposeídos para dividir y que intentará hábilmente esconder la mediocridad de sus resultados con las mismas promesas que ya no cumplieron antes.

Hace poco más de 30 años Jaime Guzmán  nos convoco a “disputarle palmo a palmo las poblaciones a la izquierda”, hoy siento que ese llamado es a renovar nuestro optimismo, a confiar en la vigencia de nuestras ideas como motor del progreso y el desarrollo y a disputarle palmo a palmo a la nueva mayoría que se evoca la supremacía de nuestro modelo de crecimiento con inclusión social por sobre el socialismo igualitario que ellos plantean.

Cada vez que veo la forma en que  la izquierda se refiere a la desigualdad, no puedo dejar de recordar tus palabras diciéndonos que la lucha de clases, la división entre pobres y ricos como argumento electoral era lo que había paralizado y frustrado las posibilidades de progreso de América Latina.  Tus palabras suenan y resuenan en nuestros oídos con esa vigencia de los clásicos que nunca nos abandonan.

Borges dijo que “sólo aquello que se ha ido nos pertenece”. Es verdad, porque en la partida es cuando los recuerdos, las enseñanzas, los momentos vividos como algo cotidiano, asumen una dimensión diferente, se vuelven algo propio de nuestra interioridad, de nuestra historia, de lo que somos.  Por eso es que hoy a 23 años de tu partida, querido Jaime, atesoramos cada palabra tuya, cada recuerdo compartido y resuenan en nuestros oídos y en nuestros corazones tu mensaje de que podemos hacer de Chile un país próspero, sin pobreza, con la vigencia de una dignidad a la que podemos aspirar resolviendo las carencias materiales, pero que sólo podemos alcanzar en la libertad.

Al terminar mis palabras quiero compartir con ustedes una señal de esperanza frente a los 23 años de impunidad en que permanecen los autores materiales e intelectuales del crimen de Jaime.

Hace poco más de una semana la Corte Suprema de Justicia determino que es procedente solicitar a Alemania la extradición de la ciudadana francesa Marie Emmanuelle Verhoeven,la “Comandante Ana” procesada como autora del delito de homicidio terrorista contra quien fuera nuestro senador y fundador de la UDI .Esperamos que este requerimiento sea concedido por el gobierno Alemán y así poder lograr que esta extremista pueda ser interrogada en nuestros tribunales y avanzar en obtener justicia después de más  de dos décadas de impunidad.

Agradezco en forma muy especial la diligencia y oportunidad con que el actual gobierno,   a través de Canciller Heraldo Muñoz, se ha comprometido para darle a la solicitud de extradición  la mayor celeridad como también los contactos que ha sostenido con altas autoridades Alemanas para señalar la relevancia que tiene para el estado de Chile que este caso sea acogido.

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