Unión Demócrata Independiente

Discurso Pdte. de la Unión Demócrata Independiente por aniversario de 25 año de la muerte de Jaime Guzmán

Partido - 1 abril, 2016
Discurso Pdte. de la Unión Demócrata Independiente por aniversario de 25 año de la muerte de Jaime Guzmán

Hace 25 años, con el asesinato de Jaime Guzmán, el odio y la extrema izquierda quisieron terminar con la vida y pensamiento de un hombre que había formado generaciones, que había inclinado la balanza en la batalla de las ideas y que había iniciado una nueva forma de hacer política en Chile.

Han pasado muchas cosas en este cuarto de siglo transcurrido, pero el propósito que animó a ese grupo de desquiciados ha sido en vano.

Es cierto que al matar a Jaime, nos han privado de su presencia física entre nosotros, pero su figura sigue vigente en Chile y su pensamiento continúa influyendo en los aspectos más profundos de nuestro desarrollo.

Su concepción de la primacía de la persona por sobre el Estado; su defensa irrestricta de las libertades públicas y los derechos ciudadanos, incluyendo lo que él llamaba los derechos cotidianos; el respeto irrenunciable de las organizaciones intermedias, hoy también llamada sociedad civil, determinando para el Estado un rol subsidiario y eficaz; su apego a la economía social de mercado por sobre la fracasada economía central y planificada del socialismo; su fuerte compromiso social con los más vulnerables desde las ideas de una sociedad libre como única vía para derrotar la pobreza; su valoración del Estado de Derecho como eje de una sociedad regida por el orden público y garante de la seguridad ciudadana; su lucha por la despolitización de los gremios para que cumplieran con su compromiso institucional; y su valoración de la política como un camino de servicio público, sobrio, austero y regido por principios éticos, configuran una propuesta que ha permeado el pensamiento chileno contemporáneo casi sin contrapeso en estas últimas décadas. A pesar de su muerte, su ideario sigue vivo, no lo pudieron terminar. Esas ideas, sus ideas, nuestras ideas, cambiaron a Chile, y lo cambiaron para bien.

Desde entonces, aún sin su presencia, son miles los que se han seguido formando bajo su inspiración a lo largo de nuestro territorio y, desde distintos frentes, siguen dando testimonio de su liderazgo. Su máxima creación política, la Unión Demócrata Independiente, se convirtió años después de su muerte en el partido más votado del país, sello que todavía mantiene no obstante la molestia que esto le pueda provocar a algunos.

Pero también es cierto que no todo lo ocurrido en estos años ha sido positivo o exitoso.

Desde luego la investigación del crimen del Senador Jaime Guzmán cometido en plena democracia aún sigue virtualmente sin responsables cumpliendo condena por su responsabilidad en el asesinato. Salvo un caso reciente, que logró sortear la cárcel, no hay nadie en esa condición gracias a la complicidad de gobiernos extranjeros que dicen condenar los atentados a la vida, pero que cuando se atraviesan intereses políticos, miran para el techo e impiden en la práctica que se haga justicia. La hipocresía del gobierno argentino de los Kirchner, la vergonzosa actitud evasiva de instituciones suizas y la contumacia de la tiranía cubana han impedido que muchos responsables puedan ser juzgados.

Pero nuestras acciones, el respaldo del actual gobierno nacional, y el cambio de autoridades en Argentina abren esperanzas de que en un caso al menos, el de Galvarino Apablaza, ello pueda tener un nuevo desenlace. El reclamo de la familia de Jaime Guzmán junto al de nuestro partido ha rendido frutos y la Comisión Interamericana de DDHH ha obligado a dar respuesta al gobierno transandino de su rechazo a cumplir la decisión judicial de las Cortes Supremas de Chile y Argentina que autorizaron su extradición. Confiamos que se abrirán las puertas para que la justicia chilena pueda cumplir con su obligación de investigar y sancionar a los autores de un crimen alevoso y básicamente impune.

Por otra parte, el influjo de las ideas de la libertad que impulsó con éxito Jaime Guzmán, se ve amenazado en estos días por el Gobierno de la Nueva Mayoría. El reformismo ideológico de sello neo socialista avanza en el país a pasos agigantados. La vieja Concertación cedió espacio a una nueva coalición que, a pesar de estar fracturada en lo esencial, sigue imperturbable en sus propósitos de refundar Chile bajo nuevas banderas. El daño está siendo de magnitudes insospechadas y ni siquiera el grave estancamiento económico ni el macizo rechazo ciudadano parecen suficientes para detenerlo. La obra de Jaime y de muchos está amenazada.

En especial, la decisión del Gobierno de la Presidenta Bachelet de darle a Chile una nueva Constitución se levanta como el camino hacia la incertidumbre total para el destino de nuestra institucionalidad, la misma que, con todos los cambios que se la han introducido en estos 25 años de democracia, le ha dado estabilidad al país y certeza jurídica a quienes quieren invertir en Chile o vivir en un lugar que ofrece seguridad y unidad de propósitos. Para Jaime Guzmán, el camino constitucional era esencial para un país como el nuestro que aspiraba a darle a nuestros compatriotas la tranquilidad necesaria para vivir en paz y progreso. Por ello, no nos dejaremos conducir hacia un proceso constituyente que cada día deja más en evidencia su interés de imponerle al país una institucionalidad de contenido ideológico reñida con nuestra historia, llena de derechos y sin deberes, que será caldo de cultivo para un populismo incontrastable que nos volverá a convertir en un país sub desarrollado y sin horizonte para los más vulnerables.

Tal desafío nos toca muy profundamente. No está en nuestro ADN aceptar escenarios de esta naturaleza, ni está en el alma de Chile resignarse a recorrer antiguos caminos que nos harían retroceder siglos en bienestar espiritual y material.

Ante este escenario nos preguntamos qué esperaría Jaime de nosotros. ¿Cuál es la tarea actual de la Unión Demócrata Independiente?

No escapa al intento de responder a esta interrogante las dificultades que agrega la crisis que afecta a la política nacional, provocada por el financiamiento irregular de las campañas, cuya investigación y consecuencias aún sigue evolucionando y no termina de sorprendernos. Esta crisis debilitó la confianza ciudadana en la política, ha golpeado a algunos de nuestros dirigentes y, como los hechos lo han ido acreditando, está impactando las puertas de todos los partidos y de todas las recientes candidaturas presidenciales.

Evitar el desmoronamiento del país por obra de la Nueva Mayoría y superar la crisis moral que nos embarga, exige de nosotros –y de todos- un nuevo compromiso. Es a eso a lo que quiero invitarlos hoy, al recordar los 25 años del alejamiento de Jaime Guzmán: a ponernos la ropa de trabajo, impedir que este Gobierno continúe causando perjuicios a los chilenos y devolverle la esperanza a nuestros compatriotas de que se puede alcanzar un Chile más libre y más justo.

En un reciente encuentro programático, recordábamos lo que para nosotros significa estar en política. Nos convocaba el compromiso desde nuestros principios a trabajar incansablemente por lograr que el Gobierno rectifique su rumbo y vuelva a imperar el sentido común.

Concluíamos en ese encuentro que para lograr resultados debíamos ser fieles a nuestros orígenes y cambiar en muchos sentidos: primero, en nuestro discurso, para asumir el nuevo Chile que se ha incubado como consecuencia de los logros alcanzados gracias al éxito de nuestras políticas y que han permitido erradicar significativamente la pobreza y dar a luz una clase media que requiere de defensa y protección ante una izquierda que la detesta; en seguida, en nuestra forma de actuar: es imperioso recuperar el sentido de la sobriedad y de la conducta ética en todas nuestras actuaciones como representantes ciudadanos, de lo contrario perderemos la adhesión que se originó en un estilo de trabajo y compromiso de servicio público que nos hizo diferentes a juicio de la gente; en tercer lugar, en construir la unidad en torno al bien de Chile por sobre toda otra consideración. Para nosotros Chile está primero y es la unión el único camino posible para lograr el bien común. Y finalmente, debemos comprometernos en una batalla desde nuestros principios y valores, porque sólo bajo esa guía tiene sentido actuar en política. Sin principios, la lucha por un nuevo Chile se convierte en una mera búsqueda del poder, donde pierde todo sentido el sacrificio de renunciar a una vida privada para entrar al servicio público.

Creo que esto es lo que nos diría Jaime hoy: no hay mayor poder moral que el poder de las ideas, pero en seguida añadiría que una buena idea, si no es seguida de un compromiso de acción, termina siendo una mala idea o una idea irrelevante.

Por eso, en este aniversario de la muerte de Jaime Guzmán, quiero convocarlos a la acción desde nuestro ideario. No basta con rendir tributo a su memoria desde el recuerdo afectuoso o desde el dolor por la brutalidad de su asesinato. No, el homenaje que le debemos tributar a Jaime es el de hacernos cargo de nuestros errores y comprometernos a no repetirlos nunca más; es el de salir a recorrer Chile para devolverle la confianza a los chilenos que una vida mejor es un sueño real y posible; es el de trabajar sin reposo y con unidad para ganar las próximas elecciones municipales y preparar la vía para volver a La Moneda.

Jaime era un hombre de fe, pero no era un contemplativo: su vida fue un ejemplo de arrojo y acción fundada en sólidos conceptos doctrinarios. Ese es el partido que él fundó, uno de sacrificios y misiones, uno de transpiración y trabajo, no uno de privilegios ni mucho menos de comodidades burguesas o de intereses personales.

Los invito a renovar nuestro voto de servicio a Chile como el mejor homenaje que podemos rendir a un hombre de excepción, a uno de los grandes de la historia contemporánea del país.

Sólo así le podremos decir a Jaime que puede descansar en paz.

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