Unión Demócrata Independiente

Discurso Presidente de la UDI Hernán Larraín Consejo General Octubre 2015

Partido - 7 noviembre, 2015
Discurso Presidente de la UDI Hernán Larraín Consejo General Octubre 2015

IDEAS CENTRALES DE LA INTERVENCION DEL PRESIDENTE DE LA UDI

EN EL CONSEJO GENERAL 

El escenario actual.

1.- Chile y el mundo enfrentan hoy una nueva realidad. La notoria mayor y mejor educación de los chilenos, sumado a su incalculable acceso a mucha información, como resultado de las nuevas tecnologías (internet, redes sociales, etc.) y de la creciente transparencia de los órganos del Estado, entre otros factores, ha convertido a la ciudadanía en un protagonista activo y empoderado que no se conforma con lo que le dicen sus autoridades, que exige respuestas a sus inquietudes y efectividad en su accionar.

2.- Este nuevo ciudadano busca nuevas formas de expresión. No le es suficiente la representación política tradicional como canalizador de sus inquietudes y requerimientos. Se agrupa de diversas maneras, en movimientos ciudadanos inspirados en causas de la más variada índole, y espera que sus autoridades les escuchen y resuelvan sus inquietudes directamente. Los partidos políticos y sus dirigentes no son ya los canales de representación únicos y a veces, ni siquiera los principales.

3.- El desarrollo económico y social de los últimos 30 años ha cambiado el perfil de los chilenos: de una sociedad con enormes nichos de pobreza, se ha avanzado en reducirla significativamente: Hace 30 años, 1 de 2 chilenos era pobre; hoy lo es 1 de 7, gatillando la existencia de una clase media emergente, llena de aspiraciones, con mayor ilustración y con la voluntad de ser un actor relevante en las decisiones nacionales. En realidad, aunque a los estatistas les cueste reconocerlo, las ideas de la libertad son las que cambiaron a Chile y lo están convirtiendo en un país de clase media.

4.- Luego de 25 años con gobiernos socialdemócratas, como los de la Concertación, y uno de centro derecha, el nuestro con Sebastián Piñera, llegó al poder la Nueva Mayoría, marcando un cambio central en la línea conductora del país. De gobiernos de centro izquierda o centro derecha, que al final del día disputaban posturas moderadas de centro, la nueva coalición se inscribe en una postura de franca izquierda, donde los partidos más moderados de la coalición, como la DC, han pasado a ser irrelevantes en las decisiones fundamentales. Del realismo y el sentido común pasamos a ser gobernados por la ideología y, peor aún, en versión añeja y fracasada.

5.- Las perspectivas de Chile en su desarrollo económico social han cambiado dramáticamente: de ser un país pujante, reconocido en todo el mundo por la fuerza de su progreso y la consistencia de sus políticas públicas, en menos de dos años del gobierno de la izquierda, hemos pasado a ser un fenómeno en observación. La economía se paralizó, la inversión extranjera dejó de llegar y las expectativas externas e internas en Chile cayeron al más oscuro pesimismo. Ha sido impresionante advertir cómo en tan poco tiempo la Nueva Mayoría ha sido capaz de causar tantos daños y perjuicios. Los chilenos que salieron de la pobreza hoy ven con temor la posibilidad de volver a ese estado de vulnerabilidad. Las reformas impulsadas por este Gobierno han sido la causa central de este debilitamiento y por ello cosechan el repudio mayoritario de los chilenos. Hoy 7 de cada 10 chilenos reprueban al Gobierno de la Nueva Mayoría y de la Presidenta Bachelet, solo 3 les aprueban. La clase media está amenazada.

Pero debemos ser francos: hay veces que una minoría organizada es capaz de sobreponerse a la mayoría si ésta no sabe organizarse. Debemos asumir nuestra tarea.

6.- El ambiente del país se ha visto convulsionado además por una profunda crisis de confianza en sus pilares centrales. La política ha caído en un descrédito gigantesco producto de abiertas irregularidades detectadas en el financiamiento de las campañas electorales de todo el espectro y que hemos rechazado; los empresarios, protagonistas de actos de colusión en diversos sectores productivos y de abusos en la prestación de servicio en áreas como la salud y la previsión, reciben un generalizado reproche social. Al respecto, queremos ser enfáticos: condenamos duramente estos actos de colusión por el enorme daño que hacen al emprendedor honesto que es capaz de trabajar limpiamente bajo las reglas de la competencia, pero muy especialmente porque su impacto lo sufre el consumidor que queda en la total indefensión, pagando caro la codicia de unos pocos.

Incluso instituciones claves en la vida cultural y espiritual de Chile como la Iglesia Católica, por la denuncia reiterada de sacerdotes que incurren en actos de pedofilia o que protagonizan abusos sexuales, han perdido su influencia y son blanco de duras críticas a su conducción y comportamiento. Otras instancias de autoridad, como los jueces, también son objeto de rechazo ciudadano.

Es efectivo que no todos los políticos, ni todos los empresarios ni, mucho menos, todos los hombres de Iglesia merecen un reproche por sus actuaciones. Pero la naturaleza del problema y el hecho de que se presente al mismo tiempo en diversos ambientes, es lo que hace que enfrentemos una situación delicada. En verdad, el panorama revela una sentida crisis moral.

La Udi ante este escenario:

Un camino para recuperar la esperanza y volver a gobernar

1.- Durante este Consejo General hemos debatido en el entorno de este panorama, y hemos adoptado determinaciones que son esenciales para iniciar un camino de rectificación y cambio, que esperamos nos permita recuperar la sintonía y el respeto ciudadano. Tenemos certeza que la Udi es un partido necesario en Chile porque su compromiso irrenunciable con los más vulnerables para erradicar la pobreza y construir una sociedad de clase media desde las ideas de la libertad, es único e irremplazable. He dicho antes que si la Udi no existiera, habría que inventarla por su invaluable aporte como partido de inspiración cristiana, comprometido con la libertad que cree en la igualdad de oportunidades, en la movilidad social, el orden y el progreso.

Hemos acordado retomar el sentido originario de nuestras ideas por un Chile más Justo, con valores de cristianos, donde resalta la libertad como eje esencial, relevando a la persona como el centro de nuestra acción, todo ello de cara al escenario del siglo XXI y sus características sociales y culturales que demandan renovar nuestra institucionalidad partidista, nuestra forma de actuar, así como nuestro proyecto político.

Por ello, hemos acordado modificar nuestros Estatutos para avanzar en su perfeccionamiento democrático. Así como los ciudadanos están más empoderados, también lo están nuestros militantes. Una estructura como la que hemos tenido se explica para los inicios de nuestra colectividad, pero hoy se exige incorporar a los militantes en las principales decisiones, con mayores derechos y deberes. Por eso, y cumpliendo con una promesa que esta directiva hizo al inicio de su mandato, hemos aprobado que todas nuestras autoridades sean elegidas directamente, por el criterio de un militante, un voto.

En estos días se está tramitando un proyecto de ley que obligaría a la reinscripción de los militantes de todos los partidos. Al respecto quiero señalar que nada resulta más desafiante para nosotros que esta determinación: ¡asumiremos este desafío como la gran oportunidad que se nos brinda para reencontrarnos con nuestros militantes y esperamos ser el primer partido que se vuelva a inscribir bajo las nuevas exigencias!

De igual modo, hemos convenido reforzar la acción del Tribunal Supremo otorgándole mayores atribuciones y encargándole la posibilidad de promover nuevos y más exigentes estándares de conducta a través del establecimiento de un Código de Ética, lo que permitirá asegurar la mayor probidad e integridad en el comportamiento de los integrantes de nuestro partido, como lo exige la sociedad en estos días.

En la elección de nuestros candidatos en las elecciones futuras aplicaremos exigencias claras y precisas en el ámbito de la probidad, excluyendo de postulaciones a quienes tengan antecedentes comerciales y judiciales que no se condigan con la dignidad de la representación ciudadana.

Implementaremos una nueva organización, para que la gestión de la Udi sea más eficiente, descentralizada y transparente, asumiendo los criterios de una sana administración para regular internamente la conducción del partido. Esperamos poner en marcha estos aspectos aún antes de que la nueva legislación entre en vigencia.

Quizás lo más importante que hemos escuchado estos días de Consejo ha sido la preocupación por un nuevo proyecto político. Hemos hablado de ello durante el debate, pero es labor de los encuentros programáticos regionales que se vienen verificando desde agosto y que ya han tenido lugar en dos tercios de las regiones del país, donde esta reflexión ha sido fecunda. En enero de 2016 tendrá lugar en la Convención Programática Nacional, donde definiremos la propuesta que le haremos al país, restaurando nuestro compromiso ciudadano por un Chile más Justo, con menos desigualdades, más democrático, más inclusivo, más transparente y verdaderamente descentralizado. Queremos ser el partido que sea la voz de las regiones ante los Poderes Públicos.

Hemos asumido también un compromiso con los ciudadanos. Volveremos a retomar el estilo de trabajo en terreno que siempre nos caracterizó y que estaba en alguna medida abandonado. La Udi estará en la calle, estará en terreno, conversará con la gente y con los movimientos ciudadanos. Queremos que la política tenga siempre un rostro humano, porque es la solidaridad con el prójimo lo que nos mueve y esta cercanía debe ser siempre el sello que nos identifique en nuestra condición de servidores públicos. En ese sentido, seguiremos también reforzando en lo interno nuestros vínculos personales: la Udi se ha construido en el plano de la amistad, actitud que debe volver a ser el espíritu que predomine en nuestras relaciones.

Pero seamos realistas. Para reconectar, no podemos seguir igual: ¡tenemos que cambiar nuestra forma de hacer política!

Hablar de frente con el ciudadano, haciéndole notar que nosotros no somos parte de la cultura de la mentira, sino de la cultura de la verdad. Mirar a los ojos al ciudadano. Estar cerca de la gente siempre.

Ser más tolerantes y más inclusivos, abriendo las puertas de nuestro partido, abriendo nuestra mente y abriendo nuestros corazones, porque sólo así, se puede enfrentar el nuevo proceso…y así instalar y defender al 100% nuestra ideas.

2.- Esta responsabilidad la asumimos con la generosidad que nos ha hecho entrar a la actividad política. Jaime Guzmán no fundó este partido para ser el ombligo del mundo ni para llevar adelante un proyecto testimonial. Por el contrario, así como siempre hemos creído que debemos ser muy exigentes en la observación de nuestros principios, estamos claros que la política debe ser entendida en el ámbito de lo posible. Y no creemos que el único camino viable sea el camino propio; por el contrario, somos un partido abierto, dispuesto a establecer pactos y acuerdos con todos los que profesan principios y proyectos similares, dentro del amplio mundo de las ideas de la libertad, y que busquen ser alternativa eficaz ante quienes, a pesar de su resonante fracaso, impulsan las ideas del socialismo.

Así, para ilustrar este punto, quiero ser enfático en reiterar que para nosotros, la defensa de la vida se inicia desde la concepción y termina con la muerte natural. Nada ni nadie cambiará jamás nuestra convicción y seremos siempre enemigos de toda forma de aborto. Sabemos que algunos de nuestros aliados de coalición no piensan exactamente lo mismo, lo que respetamos sin provocar incidentes ni hacer cuestión de nuestra alianza; sin embargo en lo que a nosotros concierne, no abriremos espacio para transacciones en eta materia. La solución a estas diferencias no pasa por renunciar a nuestras respectivas convicciones, sino que pasa por explicitarlas con total transparencia y así la gente sabrá a qué atenerse.

La grave coyuntura que afecta al país en estos días, por la pésima conducción que la nueva Mayoría está haciendo desde el gobierno, nos obliga a tener criterios amplios y proactivos para forjar una nueva plataforma política. Por estos motivos, hace meses iniciamos un trabajo ordenado y progresivo destinado a forjar una nueva alianza con fuerzas políticas con quienes llevar adelante estos propósitos. Hemos creado para ello, junto a Renovación Nacional, Evópolis y el PRI, una coalición, Chile Vamos, la que esperamos sea el ariete que rompa las cadenas, abra las puertas y permita recuperar la esperanza de que un buen gobierno es posible. Con lealtad y disciplina, con decisión y respeto a la diversidad, con verdadero espíritu de unidad, Chile Vamos será el camino por el cual transitaremos chilenos y chilenas que quieren vivir en paz, con justicia y dignidad; será el camino que alejará de Chile ese ideologismo que genera divisiones, confrontación y populismo, para volver a recuperar los acuerdos, la sencillez, la prudencia y el sentido común.

Estamos trabajando juntos una estrategia municipal que nos permitirá enfrentar las próximas elecciones con un solo candidato a alcalde en cada una de las comunas del país. Y seguiremos en ese esfuerzo en las elecciones parlamentarias y presidenciales, para lo cual ya hemos resuelto que estaremos representado por una sola persona, la que será elegida en primarias legales en 2017. Ese hombre o mujer será quién canalice y encarne la propuesta política que le ofreceremos al país, para así instalar nuevamente en La Moneda la esperanza de un Chile mejor. Y por cierto, en esa primaria estará corriendo un representante de la Udi, ya que tenemos la convicción de que uno de los nuestro será el próximo presidente de Chile.

3.- Sin embargo, no podemos olvidar la crítica situación que afecta al país por la desconfianza en sus instituciones. Creemos que esta situación no se debe a un mal diseño o a un mal funcionamiento institucional, sino a errores humanos más o menos graves de políticos, empresarios, hombres de iglesia, entre otros.

Es por ello que junto con prepararnos políticamente para gobernar, se hace impostergable desarrollar simultáneamente y desde ya, un proceso de rectificación moral que permita abrir espacio para que los chilenos vuelvan a creer. Sabemos que esto no se da de un día para otro, y también sabemos que esto no es obra de unos pocos, de nosotros o de ellos. Estamos efectivamente ante un proceso que se debe efectuar por todos y en toda su dimensión. Reconocemos que el Gobierno ha dado pasos en esta dirección a través de la Agenda de Transparencia y Probidad emanada de la Comisión Engel, y que desde el Congreso hemos hecho lo mismo impulsando nuestra propia Agenda en la materia.

Este proceso exige coraje para asumir el reconocimiento de esos graves errores; humildad para pedir disculpa a la ciudadanía; fortaleza para reparar el mal causado; compromiso para impulsar una agenda que corrija los errores y evite su repetición futura; y mucha inteligencia para iniciar una nueva etapa que debe ir acompañada de definiciones sustantivas que procuren el progreso espiritual y material del país.

Quiero invitar a todos los militantes de nuestro partido, a Chile Vamos y a todo el espectro político nacional, a los empresarios de todos los ámbitos productivos, a la Iglesia, a las autoridades que son responsables de la conducción de instituciones y servicios públicos, a que juremos cumplir con honor este proceso de rectificación ética al cual Chile nos convoca.

4.- En el ámbito político, hemos advertido en nuestros debates las dificultades que oscurecen el porvenir de nuestro país. Como ya lo hemos dicho, el país sufre el peor gobierno desde el retorno a la democracia y las cifras demuestran que ésta no es una opinión, sino que un hecho concreto y evidente.

Quiero recordar que hemos sido claros y resueltos en señalar al Gobierno una y otra vez nuestra disposición a colaborar, le hemos planteado concordar una Agenda Social para trabajar juntos las principales inquietudes que preocupan a la gente, pero nuestros ofrecimientos jamás han sido recogidos por la sordera y soberbia que alimenta a la Nueva Mayoría. Hoy debemos expresar que, recogiendo la molestia ciudadana, vamos a insistir en la necesidad de cambiar el rumbo y el contenido de la gestión de gobierno. Vamos a expresar con fuerza y convicción nuestra oposición a quienes gobiernan sólo guiados por sus intereses partidistas, con total olvido del bien común, de Chile y de su gente.

¡Cómo no hacerlo cuando vemos el dramático efecto que está teniendo en la educación la reforma que impulsa el Gobierno! La que aprobaron, retroexcavadora incluida, el año pasado y que excluye de la oferta educacional a amplios sectores de particulares, específicamente de la educación particular subvencionada, limitando gravemente el derecho de los padres a elegir la enseñanza de sus hijos, y que este año continúa con un nuevo proyecto que está imponiendo una propuesta de gratuidad que excluye y margina a más de la mitad de los alumnos vulnerables de la educación superior, por haber cometido el pecado de no estudiar en las entidades que prefiere el gobierno. Este grave acto de discriminación se hace acreedor a la aplicación de la Ley Zamudio porque intenta establecer una suerte de apartheid entre alumnos vulnerables, diferenciándolos arbitrariamente por la institución a la que pertenecen, y deja en evidencia que el afán de la Nueva Mayoría es de naturaleza ideológica, muy lejana a la necesidad impostergable de mejorar la calidad de la educación, especialmente en establecimientos públicos.

¿Cómo no actuar con energía cuando advertimos que en aras de fortalecer el poder de las cúpulas sindicales, se impulsa una reforma laboral que rompe el necesario equilibrio que debe haber entre la imprescindible protección de los derechos de los trabajadores y la subsistencia de la fuente de trabajo? El afán de privilegiar los derechos colectivos por sobre los derechos personales de los trabajadores ha hecho que este proyecto cree una nueva desigualdad entre los trabajadores afiliados a un sindicato y entre los que no lo están, en perjuicio de estos últimos. El olvido de las Pymes al aplicarles iguales reglas que a las grandes empresas. Su voluntad de hacer la huelga efectiva, sin consideración a los daños externos e internos que puede producir, ha visto su mejor expresión estos días en el paro del Registro Civil. Esa forma de actuación sindical es la que el Gobierno propicia en esta reforma, pero para el sector privado, ya que cuando afecta al sector público de su administración y responsabilidad, la declaran ilegítima y reemplazan a los trabajadores en huelga, es decir hacen lo contrario de lo que pregonan: están como el cura Gatica, el que predica pero no practica.

Nuevamente, las contradicciones, la insensatez y ceguera partidista de la Nueva Mayoría causan perjuicios al país, pues el resultado de la implementación de esta reforma se traducirá en menos empleos y en un nuevo frenazo al crecimiento económico.

Por si lo anterior fuera poco, el Gobierno está empeñado en cuestionar toda nuestra institucionalidad al gatillar un proceso que procura establecer una nueva Constitución, como si todo lo que hemos hecho en democracia para reformar y corregir el texto vigente hubiese sido en vano. Grave es que se quiera involucrar a los chilenos en un debate sin que el Gobierno haga saber qué texto constitucional es el que quiere: ¿tiene miedo la Nueva Mayoría que los chilenos se enteren de lo que en verdad quieren hacer con los derechos fundamentales y con las instituciones chilenas? Preocupante es que este procedimiento vaya precedido de una campaña de educación cívica que es dirigida por organismos políticos del Gobierno, pues ya los conocemos y tenemos derecho a pensar que se traen entre manos una verdadera campaña de adoctrinamiento político y no de enseñanza seria, objetiva y rigurosa.

Entendemos que quieran distraer la atención de los inquietantes problemas que afectan al país por su ineptitud, y también comprendemos que quieran interferir las elecciones de los próximos años poniendo en la mesa un debate artificial ajeno a lo que se decide en esos comicios.

¡Lo que no entendemos es que pretendan que nosotros nos subamos de rodillas para ser comparsa de esta iniciativa!

No señores del Gobierno, ustedes deben dar garantías reales, no de mera cortesía, de que están buscando llevar adelante un proceso responsable. Para ello reiteramos lo que le hemos dicho a la propia Presidenta Bachelet: díganle al país cuál es su proyecto de nueva Constitución, cambien el proceso de adoctrinamiento político por un esfuerzo de debate cívico serio y objetivo de acuerdo a lo que hemos propuesto y aparten de él toda conexión con las elecciones venideras. Entonces, nosotros podremos tomar una decisión de participar o no en este debate. Tenemos ideas que aportar, somos y hemos sido reformistas de la Constitución, pero no estamos disponibles para un salto al vacío en una materia tan relevante como lo es la estabilidad institucional.

No olvidamos tampoco la pésima gestión que el Gobierno lleva adelante en el ámbito de la salud, donde aumenta el endeudamiento hospitalario, se incumple la promesa de construir nuevos hospitales, aumenta la escasez de médicos especialistas, sin capacidad alguna de mejorar la atención a la gente. Este complejo problema es de la salud pública en general, que no se soluciona sólo con remedios baratos, a través de fórmulas que debemos estudiar, cualquiera sea su origen, para ayudar a los más necesitados. La responsabilidad de la crisis en salud es de un sistema que este Gobierno no se ha interesado en corregir, ¡ya que sólo le interesan los cambios ideológicos y no las inquietudes de la gente!

Y en seguridad pública, aumenta el temor ciudadano sin que el Gobierno pueda aprobar todavía una débil agenda de seguridad que no garantiza con eficacia las labores de prevención del delito y que tiene sumida en la desesperación a los chilenos y, muy en especial, a una región como la Araucanía que se siente abandonada a su suerte por la incapacidad de terminar con la violencia y la indefensión de sus habitantes.

Aún Carabineros de Chile sigue sin poder desempeñar plenamente sus funciones porque la Nueva Mayoría carece de la convicción necesaria que permita darle a nuestra policía el respaldo que requiere y merece. Por eso, ¡mayor razón para valorar y aplaudir a nuestros carabineros ya que a pesar de sus limitaciones, a pesar del maltrato que reciben, con costo de vida para muchos, siguen poniendo la cara ante la delincuencia y así cumplir con su mandato de otorgar paz a los chilenos!

Estos ejemplos actuales del desvarío gubernamental explican por qué sentimos el deber moral de endurecer nuestro lenguaje y aumentar las exigencias de rectificación a la Presidenta Bachelet y a su Nueva Mayoría, conglomerado que, está claro, ¡no tiene nada de nuevo, ni tampoco, hoy por hoy, es mayoría!

5.- La UDI tiene una obligación para con los chilenos y es ser alternativa de gobierno para 2017. Regresar al Gobierno es una obligación y un imperativo moral, para quienes defendemos las ideas de la libertad.

Este es el deseo de millones de chilenos desilusionados de las promesas incumplidas de la Nueva Mayoría, cansados de un clima de confrontación permanente y que esperan que Chile retome el camino del desarrollo y la paz social.

En un país donde la gran mayoría rechaza las reformas ideologizadas de este gobierno, tenemos un terreno fértil para trabajar y un desafío enorme para que más allá de nuestros errores del pasado, podamos representar con humildad ese sentimiento que hoy domina a la mayoría de nuestro país.

Porque hemos sido una oposición decidida y valiente, es que sentimos que podemos representar a esa mayoría. Por qué tenemos fuerza para renovarnos, para interpretar mejor sus deseos y anhelos, es que miramos con entusiasmo la posibilidad de volver a ser gobierno.

Nuestra historia nos ha enseñado que el único camino para alcanzar esa meta es el de la unidad, una unidad exigente para todos y que requerirá como toda gran tarea, trabajo y sacrificios de todos.

Unidad que no es fácil y muchas veces nos ha sido esquiva. Y que nadie confunda nuestra vocación de unidad con debilidad: nosotros creemos en una unidad verdadera que refleja el ánimo de querer construir juntos las bases políticas y programáticas para un futuro gobierno.

Hacia allá debe dirigirse la UDI, recuperando lo mejor de nuestro pasado, y sabiendo adecuarnos a los cambios que nuestra sociedad reclama.

Solo la división y los personalismos nos pueden alejar de nuestra meta. Por eso la Udi tendrá candidato presidencial y, con él, competiremos lealmente en las primarias de nuestra coalición, Chile Vamos. Y a partir de esa decisión, postulamos: Un solo candidato y un solo programa. Este es un verdadero pacto político que debe reflejar nuestra vocación de mayoría y de unidad.

Desde hoy como lo hiciéramos hace 4 años atrás, la Udi declara que se pone a trabajar por darle a los chilenos una alternativa de gobierno, que interprete a esa mayoría que quiere avanzar en cambios que mejoran su calidad de vida, en cambios que respeten su libertad de elegir, en cambios que construyan a partir de lo avanzado en estos 30 años y nos encaminen nuevamente hacia el desarrollo. No queremos más en Chile las retroexcavadoras ideológicas que sólo contribuyen a destruir lo que nos ha costado mucho levantar en años largos y difíciles.

La elección municipal es un gran primer paso. Porque no olvidemos que fue desde nuestra experiencia en los gobiernos locales que muchos de nuestros liderazgos se proyectaron hacia el país.

Esta es nuestra hoja de ruta que seguiremos en los próximos dos años, hasta darle satisfacción y tranquilidad a nuestro país.

 Chile ha cambiado y necesita que la UDI cambie también, para que desde nuestra identidad, asumamos los nuevos desafíos de una ciudadanía más empoderada y más exigente.

Porque estamos orgullosos de haber sido protagonistas del salto al desarrollo que Chile dio en el pasado, es que nadie mejor que nosotros sabrá cómo continuar creciendo y ampliando las fronteras de una sociedad libre.

Al final del día, nuestro sueño es uno muy simple: hacer de Chile un país de hermanos.

Amigas y amigos:

Hace solo unos meses, y contra la opinión de muchos que me dijeron que estaba asumiendo una tarea imposible, acepté el desafío de liderar nuestro partido quizás en el momento más crítico de su historia. Lo hice por una convicción moral profunda, convencido de que a veces la vida nos pone en situaciones en que el cumplimiento del deber es insoslayable.  En ese momento pensé que eso era lo me habría pedido mi entrañable amigo Jaime Guzmán: supe entonces que asumir la Presidencia de la UDI era un deber ineludible.

Hemos pasado momentos muy duros, pero estamos aquí, de pie, para volver a reconstruirnos y para seguir siendo un camino de servicio para Chile. Hemos aprendido de los errores y, si lo hacemos bien y trabajamos duro, volveremos a ser la misma, y tal vez una mejor, fuerza creadora con la que soñaron nuestros fundadores, por la que tantos han luchado y por la que entregaron su vida Jaime Guzmán y Simón Yévenes.

Muchas gracias. Que Dios los bendiga.

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